LA MEDALLA MILAGROSA
La Santísima Virgen María ha estado siempre presente en mi familia. Aprendí a quererla en la casa de mi abuela en Costa Rica.
Quiero compartir contigo un milagro hermoso que me ocurrió hace once años. Cuando leas esto habrá pasado el 27 de noviembre. Para mí, será mañana sábado, día de la Virgen bajo la advocación de la Medalla Milagrosa.
La Santísima Virgen María ha estado siempre presente en mi familia. Aprendí a quererla en la casa de mi abuela en Costa Rica. Ella solía todas las tardes, rezar el rosario. Yo era un pequeño y jugaba cerca, pero la veía y escuchaba; y su ternura y su devoción se grabaron en mi corazón.
Recuerdo aún aquella mañana en que me quedé sin trabajo. Estaba casado y tenía tres hijos pequeños. Cuando salí, lo primero que hice fue visitar a la Virgen en una capilla cercana al lugar donde trabajaba.
-¿Ves lo que me ha pasado? le dije Ahora estoy sin trabajo. Tengo a mis hijos y mi esposa. Quisiera pedirte que te ocupes de todo. Eso sí añadí permíteme tener al menos unos meses de vacaciones para poder disfrutar de mi familia.
Dicho esto me fui a mi casa y le conté a mi esposa. Empacamos y nos machamos a pasear por todo el país. Pasamos un par de semanas estupendas.
Cuando regresamos ella consiguió un trabajo. Fueron meses deliciosos. Me quedaba con José Miguel de 2 años. Por la mañana jugábamos, poníamos música y saltábamos en la cama. Dos niños felices salían luego de paseo, José Miguel y yo, a comer helados y jugar en los parques.
Una tarde me llamaron a una entrevista y conseguí el empleo. Había pasado tres meses maravillosos en los que nada nos faltó.
Cuando empecé a trabajar mi esposa me preguntó:
-¿Recuerdas qué día fue tu entrevista de trabajo?
-¿Un jueves? pregunté adivinando.
-¡No!, exclamó ella . Un sábado, el 27 de noviembre, día de la Medalla Milagrosa.
Entonces comprendí. Cuando me quedé si trabajo visité a la Virgen bajo la advocación de la Medalla Milagrosa. Y a estas alturas, ni siquiera le había agradecido por el favor tan grande favor que me dispensó.
Al día siguiente, a primera hora la fui a visitar. Y le agradecí porque me cuidó como una madre a sus pequeños. Y me concedió todo lo que le pedí.
La Santísima Virgen María ha estado siempre presente en mi familia. Aprendí a quererla en la casa de mi abuela en Costa Rica. Ella solía todas las tardes, rezar el rosario. Yo era un pequeño y jugaba cerca, pero la veía y escuchaba; y su ternura y su devoción se grabaron en mi corazón.
Recuerdo aún aquella mañana en que me quedé sin trabajo. Estaba casado y tenía tres hijos pequeños. Cuando salí, lo primero que hice fue visitar a la Virgen en una capilla cercana al lugar donde trabajaba.
-¿Ves lo que me ha pasado? le dije Ahora estoy sin trabajo. Tengo a mis hijos y mi esposa. Quisiera pedirte que te ocupes de todo. Eso sí añadí permíteme tener al menos unos meses de vacaciones para poder disfrutar de mi familia.
Dicho esto me fui a mi casa y le conté a mi esposa. Empacamos y nos machamos a pasear por todo el país. Pasamos un par de semanas estupendas.
Cuando regresamos ella consiguió un trabajo. Fueron meses deliciosos. Me quedaba con José Miguel de 2 años. Por la mañana jugábamos, poníamos música y saltábamos en la cama. Dos niños felices salían luego de paseo, José Miguel y yo, a comer helados y jugar en los parques.
Una tarde me llamaron a una entrevista y conseguí el empleo. Había pasado tres meses maravillosos en los que nada nos faltó.
Cuando empecé a trabajar mi esposa me preguntó:
-¿Recuerdas qué día fue tu entrevista de trabajo?
-¿Un jueves? pregunté adivinando.
-¡No!, exclamó ella . Un sábado, el 27 de noviembre, día de la Medalla Milagrosa.
Entonces comprendí. Cuando me quedé si trabajo visité a la Virgen bajo la advocación de la Medalla Milagrosa. Y a estas alturas, ni siquiera le había agradecido por el favor tan grande favor que me dispensó.
Al día siguiente, a primera hora la fui a visitar. Y le agradecí porque me cuidó como una madre a sus pequeños. Y me concedió todo lo que le pedí.

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