viernes, 15 de noviembre de 2019

Palabras del Párroco

NO, ESTE NO ES EL FINAL.

Los cristianos no formamos parte de una religión, el cristianismo, que vaya por ahí, actuando de pájaro de mal agüero, o de teloneros del cataclismo mayor que pueda ocurrir. Tampoco somos los anunciadores de grandes juicios, como en otros tiempos se nos hizo creer que debíamos hacer, es que ni siquiera, somos los encargados de decir que hemos llegado al final del camino.

Somos, más bien, todo lo contrario. Simplemente porque no creemos en finales ni en el “se acabó”. Somos hombres y mujeres que vivimos la esperanza del camino que aún está por recorrer y de las nuevas oportunidades a pesar de las caídas y de los aparentes fracasos. Los hombres y las mujeres que actúan en positivo y buscan lo positivo de la vida y de las diferentes circunstancias, porque de todo podemos aprender. No nos conformamos con el “tú no puedes”, sino que buscamos el “sigue adelante que llegas”.

Tenemos que aprender de lo que cada día nos va enseñando el Maestro de Nazaret, el buscar la humildad y la sencillez para apreciar lo hermoso y lo maravilloso de la vida, de todo lo que tenemos delante de nosotros, de las personas que nos rodean, de las circunstancias y de sus historias personales. Tenemos que ir más a lo que nos construye y no a fomentar las guerras y los desprecios que surge a nuestro alrededor, porque eso no lleva a ningún sitio.

En la Palabra de este domingo, Jesús nos deja claro que, a pesar de las cosas que suceden y que nos cuenta entender, este no es el tiempo final, sino el tiempo de nuestra implicación cristiana, el tiempo de poner un poco de cordura, de comprensión, de diálogo y de acompañamiento allí donde vemos que falta todo esto, donde vemos que el ser humano ha dejado de serlo, o donde la negatividad y las quejas campan a sus anchas.

No nos esforcemos ahora en escondernos o pasar desapercibidos, sino que más bien, esforcémonos en ser vistos, en hacer lo que tenemos que hacer, en ser testigos de la verdad y de la vida nueva del camino del amor y de la ternura que nos regaló nuestro Padre por medio de Cristo. Estas son nuestras banderas y estos nuestros caminos, no nos avergoncemos de ello, porque entonces estaremos renunciando a lo que nos identifica y a lo que nos realiza como cristianos.

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